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Últimamente, oigo por doquier una frasecita que me pone de los nervios y que en estos tiempos que corren está muy en boga y es la de ver la crisis como una oportunidad. Dicho así, la frase de marras suena bien, ¡qué diablos, muy bien! La crisis te abre a un mundo de posibilidades, de cambios y de mejoras. Aceptar la crisis, entendida como infortunio, y transformarla en algo positivo, es decir, oportunidad para darle un giro a tu vida, convirtiéndote en otra cosa, quizás consiguiendo lo que siempre has deseado y no has alcanzado hasta ahora por miedo al cambio.
Es verdad que muchas veces vivimos aferrados a nuestras rutinas, a nuestras pequeñas seguridades, que no queremos salir de nuestro círculo de confort. Desgraciadamente, a veces, la vida te da sorpresas y todo tu mundo se pone patas arriba. No sabes qué has hecho mal, por qué de repente todo se vuelve en contra. Llega la devastación de tu mundo. En momentos así, es difícil no dejarse llevar por las emociones negativas, no sucumbir ante una vida que se hace insoportable.

¿Qué hacer? ¿Cómo salir del túnel en el que sin comerlo ni beberlo te encuentras?. La respuesta es:

  1. Duelo.
  2. Aceptación de la situación.
  3. Adaptarse.
  4. Luchar para salir de ella.
  5. La consecución del objetivo.
Nuestra arma más poderosa es la positividad,  la psicología positiva, el coaching, la inteligencia emocional y, por supuesto,  las personas que de verdad nos quieren y nos apoyan en los momentos buenos y malos de nuestra vida.

Suena sencillo ¿verdad?, pero entonces ¿por qué no resulta tan fácil? 

Por ejemplo, en los tiempos que corren, con la tremenda crisis económica que estamos viviendo, perder el trabajo, sobre todo si tienes una familia que depende de ti, es una auténtica desgracia. El trabajo escasea, apenas hay actividad económica, sabes hacer determinadas cosas que ya no te sirven para encontrar empleo, por lo que además tienes que reciclarte. Tus talentos, lo que te ha permitido vivir dignamente ya no te sirven.

La situación es peliaguda, por un lado tienes la acuciante necesidad de trabajar, porque si no trabajas no llega dinero a casa y no puedes mantener a tu familia, y, por otro lado, tienes que adaptarte a la nueva situación, encontrando otra actividad que te permita sobrevivir. Hay que cambiar de estrategias, hay que aprender nuevas cosas, desarrollar nuevos talentos y todo esto tienes que hacerlo en un momento en que estás inmerso en miedos, dudas y falta de recursos.
Es entonces cuando aparece la dichosa frasecita, que parece ser la panacea a todos los males.Ver la crisis como una oportunidad, sobre todo como una oportunidad para emprender. ¡Uf, otra palabreja que me saca de mis casillas! Mejor dejamos el tema para otro día.

Hoy me ha dado por pensar en la SUERTE y en una frase que repetía mi madre muy a menudo: "Hija, unos nacen con estrella y otros estrellados y yo nací estrellada.", esa frase cada vez que la escuchaba me estremecía el corazón, porque sentía que estábamos condenados de antemano a tener una vida feliz o desgraciada, sin que nada pudiéramos hacer para evitarlo.Según esta frase tenemos un destino trazado desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte.

Mi madre tuvo una vida muy infeliz, por ello, no la culpo por pensar así. Sus circunstancias, su realidad, eran esa y ella se sentía así, atrapada por la mala suerte.

Es verdad , que el momento histórico en el que nacemos, el país, la sociedad, la família, las circunstancias personales determinan en gran medida el devenir de nuestra existencia. No es lo mismo nacer en un tiempo de paz que de guerra, nacer en un país rico que pobre, en una sociedad avanzada que primitiva, tener una família acomodada que no tenerla, etc.

Por consiguiente, habrá gente afortunada que nacerá en circunstancias muy favorables mientras que otros podrían acumular todas las desfavorables.

Después de reflexionar sobre todo esto, he llegado a la conclusión de que el ser humano es extraordinario y de que es capaz de luchar contra su destino, contra sus adversas circunstancias. Su voluntad le puede llevar a cambiar su sino. Convencida de que la voluntad tiene el papel protagonista en nuestra vida, he llegado a la conclusión de que: "Puedo ser lo que decido ser y, sin duda, decido ser la dueña de mi destino.".

Enseño esta frase a mis hijos, sonríen felices y su felicidad alimenta mi alma.